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jueves, 31 de mayo de 2012

El trastorno autista (I): posibles signos de alerta para una detección temprana.


Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son trastornos del neurodesarrollo que se detectan en los primeros años de vida y que afectan y alteran de forma muy significativa las áreas de la comunicación, la interacción social y la conducta. Es un trastorno permanente que aunque puede mejorar con el tiempo, va a limitar la vida de la persona que lo padece.

No obstante, el TEA no se manifiesta con la misma intensidad en todas las personas y se ha de visualizar como un abanico de graduación de síntomas. Es decir, dentro de cada uno de los tres ítems propuestos para definir los TEA, existen diferentes modos y grados. Por ejemplo: las alteraciones en la socialización pueden abarcar desde el acercarse a otro de manera inapropiada hasta el completo aislamiento; las alteraciones en la comunicación pueden ser expresadas desde dificultades en la semántica y la pragmática, hasta el mutismo; y las alteraciones de la conducta pueden ir desde un juego simbólico aparentemente normal pero con interés restringido, hasta las actividades no funcionales y repetitivas.




¿Cuáles son los signos de alerta?
Comunicación y Lenguaje

De 0 a 3 años
12 meses:
§         No balbucea
§         No responde al nombre
§         No señala para pedir objetos
§         No dice adiós con la mano
18 meses:
§         No emite palabras comunes
24 meses:
§         No construye espontáneamente frases de dos palabras.

De 3 a 6 años
§         Dificultades en el contacto visual, la expresión facial, la postura corporal y los gestos para regular la comunicación
§         Falta de comprensión del lenguaje
§         Ausencia del lenguaje o gran retraso en su adquisición. Desarrollo peculiar del mismo (repetición de palabras fuera de contexto, uso de palabras inventadas, tono demasiado alto o bajo, entonación monótona…)

Interacción  social

De 0 a 3 años
§         No tiene contacto visual
§         No responde a la sonrisa
§         No se interesa nada de los demás
§         No señala objetos para dirigir la atención de los demás.
§         No desarrolla el juego simbólico.

De 3 a 6 años
§         Desinterés por el resto de los niños (prefiere actividades solitarias; tiende a “estar en su mundo”)
§         Falta de adecuación de la conducta al contexto social (desconoce las reglas sociales, puede marcharse con personas desconocidas…)

Conducta

De 0 a 3 años
§         Movimientos extraños y reiterativos con las manos y los dedos.
§         Reacciones inusuales de curiosidad
§         Reacciones de temor ante determinados estímulos.
§         Apego exagerado a algún muñeco u objeto

De 3 a 6 años
§         Intereses o aficiones inusuales
§         Tendencia a realizar rutinas o rituales específicos y resistencia a los cambios (rabietas)
§         Juegos repetitivos con juguetes.
§         Apego intenso por determinados objetos.
§         Excesiva sensibilidad al ruido o a determinados estímulos sensoriales.
§         Movimientos estereotipados y repetitivos con las manos, dedos o todo el cuerpo.
§         Comportamientos disruptivos (morder, pegar…)




Aunque los rasgos conductuales específicos del TEA pueden estar presentes en el primer año de vida, a menudo no se diagnostica hasta dos ó tres años después de que estos aparezcan. La prontitud o tardanza del diagnóstico va a depender, casi siempre, de la intensidad en la que se han manifestado.
En muchos casos es la escuela infantil la que da la voz de alarma, ya que los padres a pesar de tener la sensación de que algo no anda bien, no buscan ayuda médica hasta pasados los tres años cuando ya debería de haberse iniciado el desarrollo del lenguaje y comienza la interacción social.
Cuando un profesional de atención primaria detecta signos que pueden indicar que existe una posibilidad de trastorno del espectro autista, tendría que remitir a esta familia a un servicio más especializado (Unidades de Salud Mental Infantil o Centros de Atención Temprana).
Una intervención temprana específica y personalizada para el niño y su familia, conduce a
  • Una variación significativa en el pronóstico y evolución, ya que está comprobado que se obtienen mejores resultados cuanto más temprana es la intervención.
  • Una mejor planificación de recursos a diferentes niveles: educativos, asistenciales y médicos.
  • Disminuir o paliar el estrés familiar, al obtener una información precisa, especializada y clara.

Autora: Pilar Benavent Victoria, Pedagoga del CRAE de APSA

miércoles, 2 de mayo de 2012

Introducción al Trastorno por Déficit de Atención o TDAH


El TDAH es el Trastorno por Déficit de Atención que puede presentarse con Hiperactividad o
sin ella.

Aunque se atribuyen a su origen tacto factores genéticos como ambientales, no existe una causa específica que provoque el Trastorno. A día de hoy, las investigaciones apuntan a que se trata de un Trastorno heterogéneo y multifactorial.

En la actualidad, afecta al 2-5% de la población, siendo mayor la incidencia en el sexo masculino más. Las niñas suelen manifestar más rasgos de inatención y dificultades cognitivas que sintomatología de impulsividad y/o agresividad. El TDAH puede presentarse de varias maneras, y está clasificado, según el DSM-IV (Clasificación norteamericana de enfermedades psiquiátricas), en tres subtipos:

De tipo combinado, (rasgos de hiperactividad-impulsividad e inatención). Suele ser el más
frecuente.
Predominante hiperactivo-impulsivo.
Predominante inatento.


 El TDAH es un trastorno de conducta que aparece en la infancia. Aunque en algunos casos el diagnóstico se puede dar de una manera más precoz, es entorno a los 6-7 años cuando se puede afirmar la existencia del mismo, coincidiendo esta etapa con el inicio de la Educación Primaria, donde el acceso a los aprendizajes necesita de mayor estructura y nivel atencional.

Los primeros signos de alerta pueden ser el aumento  de actividad física, el excesivo movimiento, dificultades para mantener la atención, dificultades de aprendizaje…incluso una baja autoestima o un bajo nivel de tolerancia a la frustración que, sin ser síntomas que definen el trastorno, pueden ser reacción de las dificultades que conlleva el TDAH.

A su vez, el TDAH se puede asociar con frecuencia a otros problemas, y sus consecuencias se aprecian en distintos ambientes de la vida del niño, no solo el escolar, sino que también afecta en gran medida a las relaciones interpersonales tanto con la familia, como con otros niños y con sus educadores, siendo estas interrelaciones clave en el desarrollo del niño.

Es importante que desde el ámbito familiar y escolar se atiendan los signos de alerta que puedan observarse en el niño y acudir a profesionales específicos (psicólogos, pedagogos, asociaciones especializadas, profesionales sanitarios...) que evalúen las conductas detectadas y comenzar una intervención específica con el propio niño y desde todos los contextos en los que éste interactúe.

En APSA llevamos años trabajando e investigando acerca del TDAH. Con el objetivo de responder a las inquietudes de nuestros socios y colaboradores realizamos con periodicidad seminarios específicos de formación acerca del tema. El próximo tendrá lugar en Alicante el próximo 8 de mayo. Si quieres ampliar información sobre este taller, escríbenos a cdiat.admon@asociacionapsa.com o llámanos al 902 00 58 48.


Autora: Raquel Alarcón, directora del CRAE de APSA (Alicante)