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martes, 5 de marzo de 2019

LA EVOLUCIÓN DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD Y EN LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS E HIJAS




Desde los orígenes de la humanidad, las mujeres han tenido que recorrer un camino completo de obstáculos para conseguir cambiar su única función de madre y poder alcanzar así, la posibilidad de participar activamente en la sociedad. Por esta lucha continua de todas ellas con tal de alcanzar la igualdad con el hombre, tanto en el desarrollo social como personal; en 1975, la Asamblea General de la ONU proclamó oficialmente el 8 de marzo como el "Día Internacional de la Mujer".



Partiendo de este acontecimiento y la continua lucha de todas las mujeres hasta conseguir el derecho al voto y el control de su propio cuerpo, seguidamente expondré el cambio que la figura de la mujer ha ido experimentado con el paso del tiempo.
Partiendo de la Prehistoria, cabe destacar que la mujer era considerada como un símbolo de máxima fertilidad (como se ha demostrado con La Venus), puesto que eran las encargadas de dar a luz, cuidar y alimentar a los hijos e hijas. Además, existía ya una división marcada en el trabajo, pues los hombres se dedicaban a la caza, considerada la tarea primordial, mientras que las mujeres a la agricultura, recolección y cuidado de su prole, siendo las tareas secundarias. Por todo ello, cabe destacar que con la mujer primitiva, se comenzaron a formar las primeras relaciones de sumisión.

Siglos más tarde, en el Antiguo Egipto las mujeres eran educadas para desarrollar correctamente las tareas del hogar. Y, aunque existía libre elección al contraer matrimonio, continuaba concibiéndose a la mujer como una simple posesión, puesto que el padre la entregaba al futuro marido. Por lo que, el papel fundamental de la mujer continuaba siendo el de dar descendencia a su marido y efectuar las labores de la casa.

Durante la Edad Media, la figura de la mujer se limitó al cuidado completo de los hijos e hijas, a las actividades domésticas y a todo tipo de trabajos manuales y artesanales, provocando que la educación y el poder civil siguiera reservado a la figura masculina. Así pues, las mujeres eran tratadas como personas infantiles, ya que se las consideraba con los mismos derechos que éstos, siendo políticamente incapaz de efectuar cualquier acto que implicase una toma de decisión propia.

A principios de la Edad Moderna, la situación de la mujer seguía subordinada a su marido y continuaba teniendo que ejecutar el papel de buena esposa y madre. Pero, con la llegada de la Revolución Industrial, el papel de la mujer se transforma, ya que comienzan a volverse útiles para la vida laboral, aunque con salarios más bajos y situaciones precarias de trabajo.

Con la llegada de finales del siglo XIX, las mujeres comienzan a sentirse válidas para la sociedad y surgen las primeras incorporaciones en la campo de la educación universitaria, dejado atrás los principales objetivos que tenían hasta entonces: casarse, tener descendencia y dedicarse plenamente a las tareas del hogar. Además de este gran avance, gracias a los movimientos feministas consiguen el derecho al voto.

El siglo XX se caracteriza principalmente por el reconocimiento, en todos los países, de los derechos de la mujer como persona adulta y en igual de condiciones que los hombres. Asimismo, hubo 
una incorporación masiva al mundo laboral y con la necesidad que ello plateaba, se crearon numerosas guarderías para favorecer y que pudieran mantener sus puestos de trabajo. Este ingreso laboral, supuso una separación infantil cada vez más precoz.


Actualmente, existe un mayor equidad entre la figura del hombre y de la mujer, puesto que ambos comparten las tareas del hogar, el cuidado de los hijos e hijas, compiten por igual en todas las áreas laborales, reciben estudios y formación continua, etc. Cosa que implica la participación de madre y padre en la tarea de crianza de manera compartida, en vez de delegarla en la figura materna únicamente.

Así pues, podemos establecer que se está implantando la coparentalidad, que podemos definir:

“La dimensión conjunta de la parentalidad, una dimensión relacional que requiere algún grado de interacción y comunicación, que supone niveles intermitentes de decisión sobre la misma relación, sobre todo en momentos cruciales y que se desarrolla de manera dinámica y evolutiva en diferentes niveles de una misma continuidad, ubicados entre extremos más o menos positivos de calidad” (Bolaños, 2015).

Por todo lo comentado anteriormente, se puede concluir con que las mujeres podrían considerarse como las grandes olvidadas de la historia, debido a que, desde el principio han sido infravaloradas y consideradas el “sexo débil” de la especie humana, siendo útiles para la crianza y cuidado de los hijos e hijas. Aún así, han luchado y se han reivindicado por sus derechos y valores, consiguiendo colocarse, hoy en día, al mismo nivel que los hombres.




Referencias bibliográficas

1. Bolaños Cartujo, J. I. (2015). Custodia compartida y coparentalidad: una visión relacional. Psicopatología Clínica Legal y Forense,15(1), 57-72.
2. Izquierdo, L., y Zicavo, N. (2015). Nuevos padres: construcción del rol paternal en hombres que participan activamente en la crianza de los hijos. Revista de Investigación en Psicología,18(2), 33-55.
3. Valero, S. F. (2017). Breve historia de la mujer. Ediciones Nowtilus SL.


Lorena Ortín Martínez, alumna en prácticas del CDIAT de San Vicente del Raspeig de APSA. Graduada en Magisterio en Educación Infantil con Mención en Pedagogía Terapéutica.

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