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miércoles, 24 de mayo de 2017

“MI HERMAN@ TAMBIEN VA AL CDIAT”



Tener un hermano puede significar cosas muy distintas para cada niño y en cada familia. Los padres somos modelos de conducta para nuestros hijos, si logramos mostrar nuestros sentimientos abiertamente estamos facilitando y promoviendo que nuestros hijos también lo hagan.


El vínculo fraternal es el que forman los hermanos entre sí.  Es el vínculo que mayor duración tiene, ya que se origina en la infancia o adolescencia y dura hasta el final del desarrollo. Durante este vínculo se viven experiencias emocionales intensas y contradictorias, como por ejemplo, celos, rivalidades, competencias, enfado, etc., pero sin embargo son una fuente importante de interacción social preparatoria para fuera del núcleo familiar. 

La presencia de un hermano/a con alguna limitación o dificultad en su desarrollo produce unos efectos variables en los hermanos, es decir, cada hermano/a es único y no necesariamente va acompañado de trastornos psicológicos. Si es cierto que el afrontamiento de éstos y su vivencia sobre el hermano/a depende de: la dinámica familiar, cómo el entorno se moviliza para cubrir necesidades; orden de nacimiento, aportando diferentes vivencias si eres hermano mayor o hermano pequeño; número de hermanos, a mayor número de hijos mayores experiencias se comparten y se reparten; diferencia de edad, hará que me distancie o me iguale mas; tipo de patología, en función de sus limitaciones, su visibilidad, etc.
 
Vamos a mencionar una serie de sentimientos que pueden aparecer en los hermanos/as de niños con discapacidad o problemas en su desarrollo, atendiendo a la etapa evolutiva en la que se encuentren. Si nos centramos en hermanos que se sitúan en la infancia, principalmente pueden sentir desconcierto ante la situación. Este sentimiento va a desencadenar otros como pueden ser el malestar y la angustia que padecen ante el posible cambio anímico en los padres o en la dinámica familiar.   

Pueden despertar sentimientos de culpabilidad (ya que durante esta etapa despunta el egocentrismo), de diferencia (en cuanto al trato de los padres hacia el resto de hermanos), celos o rabia (al comparar a su hermano con los hermanos de sus amigos), protección hacia el hermano (por la necesidad instintiva de protegerlo) y por el contrario, vergüenza. Otro sentimiento que juega un papel importante en la infancia es el deseo de curación hacia el hermano más vulnerable. Por otro lado, en la adolescencia el principal sentimiento que existe es el de sentirse diferente ya que al compararse con sus iguales, pueden estar asumiendo más responsabilidades, más preocupaciones o incluso pueden estar renunciando a prioridades típicas de esta etapa (practicar algún deporte, quedar con los amigos, etc.). Este sentimiento de diferencia puede ocasionar en el adolescente sentirse solo, aislándose de sus iguales o por el contrario refugiarse en ellos. Otros que pueden aparecer son la rabia, muy propia también de la etapa en la que se encuentran, vergüenza, instinto de protección y culpa, aunque en esta etapa la rabia

vendría dada por no poder compartir con su hermano ciertas actividades.


¿Qué debemos hacer como padres?, ¿cómo podemos afrontarlo?, ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos? Inevitablemente nos centramos en nuestro hijo con limitaciones asumiendo que es él quien más nos necesita, y en ocasiones podemos, sin quererlo, descuidar al otro hermano pensando que no requiere tanto de nosotros. Con esta forma de pensar no solo nos podemos perder mucha información del otro hermano sino también que minimizamos las interacciones y vivencias entre ellos y con la familia.


Para ello os proponemos:

  1. ser abiertos y accesibles, respondiendo siempre de forma clara y concisa a sus demandas.
  2. dejar que se expresen libremente, dando pie a que emerjan sentimientos del tipo que sean.
  3. hacerles participes del día a día de su hermano, al igual que hacemos nosotros.
  4. limitar sus responsabilidades que inevitablemente y de forma natural pueden ir asumiendo.
  5. reconocer y valorar a cada uno, como único y esencial para nosotros.
Autora: Isabel Vaca y Ainhoa Aguado
           Técnicos Atención Temprana CDIAT Alicante, APSA

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