martes, 24 de junio de 2014

CREANDO BUENOS HÁBITOS ALIMENTICIOS EN NUESTROS HIJOS. Parte II



Autoras: Ana Miranzo, Logopeda de APSA y Pilar Estévez, terapeuta de APSA.


 
Continuamos explicándoos las pautas generales para crear buenos hábitos alimenticios en los niños. A continuación, trataremos los aspectos relativos a cómo abordar la alimentación y cuánto debe comer el niño.


¿Cómo abordar el momento de alimentación?

·  Apostar siempre por el máximo  protagonismo y participación del niño.

            Ø Antes de las comidas: dejar que realice manipulación de alimentos, participar en la compra, cocinar,  poner la mesa…




Ø            Durante la comida: permitir diferentes conductas relativas a los alimentos:
 Oler, tocar, manosear, restregar, relamer, como paso previo a enseñar modales en la mesa.

No hacer por el niño nada que pueda hacer ya él solo, aunque se manche, tarde más o incluso coma un poco menos de alimento.

·  Comer todos juntos, en familia, es una buena manera de enseñar a comer dando nuestro propio modelo y no centrar la atención de forma exclusiva en el niño, lo cual siempre tiene un efecto positivo en su alimentación.

·  Armarnos de paciencia, serenidad, y mucho, mucho sentido común.


¿Cuánto debe comer un niño?

·  Hasta el momento todas las decisiones las habéis tomado vosotros. Como responsables de vuestros hijos, decidís cada pequeño detalle sobre la dieta, el momento adecuado, el menú…, sin embargo, en este punto, debemos ser conscientes que es el niño el que decidirá cuanta cantidad de alimento necesita.

·  La cantidad de alimento que ingiere una persona a lo largo del día, puede variar en función de muchos factores:

Ø            El peso y tamaño total de la persona, influye en la cantidad de alimento que ingiere. Tener en cuenta que a menos tamaño, menos comida que se ingiere. Por lo que no podemos pretender que un niño coma nuestras mismas raciones.

Ø            El momento evolutivo, existen picos de crecimiento, en los que los niños comen grandes cantidades y otros momentos  de mantenimiento en los que se ingiere menos cantidad.

Ø            La presencia de alguna alteración, especialmente de vías respiratorias, disminuye el apetito. Los niños se pasan constipados una gran parte del invierno y esto afecta a su apetito.

·  Cualquier estrategia que tenga como único objetivo, que el niño coma más cantidad de un determinado alimento en esa toma en concreto, va a ser contraproducente para generar hábitos adecuados y una buena predisposición hacia la alimentación. Algunos ejemplos, de conductas poco apropiadas (aunque todos caemos alguna vez en ellas), son:

Asociar la comida con premios o castigos. Si chantajeamos al niño, corremos el riesgo de que aprenda a hacerlo también.





Ø            No debemos forzar, amenazar, ni ridiculizar al niño durante las comidas.

Ø     No hablar delante del niño de las dificultades que presenta en los momentos de alimentación o anticiparlas y recordárselas de forma frecuente.

Ø            No alargar las comidas para conseguir que coma unas pocas cucharadas más.

Ø          No centrar nuestra atención y nuestras verbalizaciones en recordarle que coma, en lo buena que está la comida,… elegir otro tema de conversación.















martes, 10 de junio de 2014

CREANDO BUENOS HÁBITOS ALIMENTICIOS EN NUESTROS HIJOS. Parte I



Autoras: Ana Miranzo, Logopeda de APSA y Pilar Estévez, terapeuta de APSA.

 En cada situación de alimentación podemos preguntarnos: cuándo, dónde, qué, cómo y cuánto deben comer nuestros hijos. Aunque cada niño y su familia deben encontrar sus propias respuestas, existen algunas pautas generales.


¿Cuándo comer?  

Es importante establecer siempre un horario regular de comidas.

·   Al principio iniciamos la alimentación a demanda. Podemos decir que las necesidades del niño, son las que determinan  la cantidad y horario de cada toma que se realiza.

·   Poco a poco la maduración  y la adquisición del hábito de sueño, modifican  las tomas:

Ø     Se disminuyen el número de tomas diarias.

Ø     Los momentos de alimentación se concentran durante el día.

·  Los padres estipulan un horario fijo dedicado a la alimentación. Normalmente, a partir de los dos años de edad, los niños hacen de 5 a 6 comidas  repartidas a lo largo del día.

·  La duración de las comidas no debe alargarse en exceso, en general una media hora debe ser tiempo suficiente para realizar una comida completa.









Hay que tener en cuenta:

Ø            Es importante que el niño pueda experimentar la sensación de hambre – saciedad.

Ø            Conviene evitar picar entre horas, sobretodo alimentos que son poco nutritivos.

Ø            Saltarse tomas en niños poco apetentes, no siempre obtiene los resultados esperados de que el niño tenga más apetito a la toma siguiente.

¿Dónde comer?

Establecer un entorno adecuado y estable para realizar la comida.

·  Siempre en la misma habitación, el mismo asiento o los mismos instrumentos.

·  El momento de  comer es para comer. Cualquier actividad distractora acaba siendo algo contraproducente. Es un momento en el que se crea una  situación especial de comunicación.

·  Si  el niño abandona el escenario creado, lo reconducimos para que vuelva a ocupar su lugar, no le perseguimos con la comida.







¿Qué comer?

Es importante decidir el menú de antemano.

·  Elaborar un menú semanal, en el que puede participar la opinión del niño, dentro de unos platos adecuados para él, que son los que le proponemos. De este modo, evitamos improvisaciones y aseguramos que existe un equilibrio dietético.

·  Tener en cuenta, que  la incorporación de novedades en la dieta debe ser siempre de forma paulatina. Aceptar que en los momentos de cambio, el niño tomará menos cantidad del alimento.

·  Presentar los alimentos en las porciones que él suele poder comer. Es mejor que pida más a que no pueda acabarse el plato.

·  Ser consciente de la importancia que tiene introducir los cambios de instrumentos o de texturas en la edad que recomiende el pediatra. Especialmente, sustituir las tetinas por el vaso, introducir alimentos semisólidos y luego sólidos. Cuando el niño es más mayor, cuesta  que acepte éstos cambios y pueden verse alterada, tanto su musculatura como el  desarrollo oro-motor.

En el próximo artículo trataremos los aspectos relativos a cómo abordar la alimentación y cuánto debe comer el niño