martes, 20 de agosto de 2013

FOMENTAR LA AUTOESTIMA DESDE LA INFANCIA



Autora: Pilar Estévez Casellas, Terapeuta de APSA.

Los padres pueden influenciar enormemente en el futuro de sus hijos que esperan contar con su aprobación y amor para pasar las diferentes etapas de su vida.
Ser padres es una enorme responsabilidad, sin duda te conviertes en el principal ejemplo para tu hijo y su fuente más importante de autoestima.

Podemos decir que, la autoestima influye de manera muy importante en el desarrollo y desempeño de otras muchas actitudes diferentes en los niños:

- Condiciona su aprendizaje: Un niño con baja autoestima no esta motivado en aprender, no le satisface esforzarse en algo ya que no cree que tenga posibilidad de tener éxito en las situaciones a las que se enfrenta.
Cuando posee autoestima, posee confianza en si mismo y en sus posibilidades ante lo que se le presente, por eso es capaz de esforzarse activamente  para lograr sus objetivos.

- Fomenta la responsabilidad: Poseer una buena autoestima es la base para considerarse con capacidad de responder de modo adecuado a las circunstancias que se suceden en la vida cotidiana.

 - Afianza la personalidad: El niño se siente seguro y se acepta tal y como es. Por otro lado, a nivel social también es capaz de valorar y aceptar a los demás.

- Fomenta la creatividad: Cuando un niño confía en sí mismo, es capaz de atreverse a aportar nuevas posibilidades a las ya dadas, es capaz de arriesgarse con respuestas creativas y diferentes, sin temer el rechazo.

- Favorece la autonomía: Un niño que se valora positivamente no muestra dificultad en tomar decisiones y enfrentarse a nuevos retos de manera autonoma.

- Hace posible relacionarse socialmente de modo adecuado: Un niño con buena autoestima puede establecer relaciones de igualdad con los demás, sin tener sentimientos de inferioridad o superioridad.

De cara a que nuestros hijos posean una adecuada autoestima hay una serie de aspectos a tener en cuenta:

1- Los niños necesitan un hogar donde se sientan felices y seguros, han de tener la libertad de mostrarse como son y deben existir siempre normas y límites que regulen una idónea convivencia.

2- Los niños necesitan saber que ellos son capaces de hacer cosas solos sin ayuda e intentar resolver sus pequeños problemas. Por esto, los padres poco a poco deben ir dándoles responsabilidades cada vez mayores en su hogar.





3- Los padres deben ayudar y enseñar al niño a resolver sus dificultades siempre respetando las preocupaciones y sentimientos que tenga.

4- Hay que evitar siempre realizar comparaciones, valoraremos a nuestro hijo por lo que es y lo que puede hacer no basándose en lo que son capaces de  hacer los demás. De este modo, nuestro hijo sabrá valorar a los demás respetando que hay diferencias entre las personas.

5- Los padres han de admitir sin apuro sus propios errores, porque todos los niños necesitan saber que a veces nos equivocamos y cometemos errores y no pasa nada.

6- Siempre hay que felicitar y mostrarse contento ante los logros y avances que tenga el niño, así verá su esfuerzo recompensado.

7- Debemos proponer a nuestros hijos tareas con una dificultad ajustada, es decir que puedan realizar con éxito. De este modo, poseerán más confianza en sus propias capacidades.

8- Cuida mucho el lenguaje que utilizas con tu hijo, es muy importante en su desarrollo. Puedes influir de manera determinante en la autoestima de tu hijo a través del lenguaje, es importante usar frases de aliento y animo.

A continuación te aportamos varios ejemplos de frases adecuadas y constructivas para fomentar la autoestima de tu hijo:

- Lo más importante es intentarlo.
- La próxima vez te saldrá mejor.
- Es mejor equivocarse que no hacer nada.
- Hacer las cosas perfectas no es posible, pero hacerlas de manera adecuada si.
- Si lo necesitas yo te ayudo.
- Tú eres capaz.
- Confío en ti.
 



               












martes, 6 de agosto de 2013

CARACTERISTICAS Y RECOMENDACIONES ACERCA DE LA BULIMIA NERVIOSA



Autora: Pilar Estévez Casellas, Terapeuta de APSA.

Es un Trastorno de la Conducta Alimentaría, se caracteriza porque se realiza una ingesta recurrente de alimentos en un breve espacio de tiempo y en una cantidad mayor a lo que gran parte de las personas ingerirían (por eso se llaman atracones).  El sentimiento de culpa que conlleva esta ingesta desproporcionada de  alimentos lleva a la persona a la provocación de vómitos, uso de laxantes, fármacos, ayuno y exceso de ejercicio. Todo ello con el objetivo de que el atracón no provoque un aumento de peso ya que existe un intenso temor a engordar.

 

Esta conducta puede dominar la vida diaria del enfermo y dificultar sus relaciones e interacciones sociales. Habitualmente las personas que padecen esta enfermedad ocultan este comportamiento y no suelen querer buscar ayuda. Pueden tener un peso normal o, incluso cierto sobrepeso, como consecuencia de sus conductas alimentarías inadecuadas. El miedo intenso a engordar y la falta de control sobre la alimentación condicionan su estado anímico y mental, pudiéndose desarrollar procesos depresivos.

La bulimia nerviosa comienza con mayor frecuencia durante la adolescencia, por lo que seria una etapa de riesgo para padecerla.

 

Vamos a comentaros los síntomas más habituales que poseen las personas que padecen una bulimia nerviosa:

  • Atracones de forma recurrente acompañados de una sensación de falta de control respecto a la ingesta (pensamientos de no ser capaz de parar de comer).
  • Autoprovocación de vómito después de la ingesta, uso de laxantes, diuréticos….
  • Periodos de ayunos o dietas rigurosas para compensar los atracones.
  • Ejercicio excesivo.
  • La menstruación se vuelve  irregular o puede desaparecer (amenorrea).
  • Problemas de estreñinimiento y enfermedades gastrointestinales.
  • Cambios de humor frecuentes y depresión.
  • Frecuentes cambios de peso y distorsión de la imagen corporal.
  • En muchas ocasiones, el aspecto físico es aparentemente saludable lo que hace más problemático detectar la enfermedad.
  • Dolor muscular y fatiga
  • Irritación crónica de la garganta o pérdida de algunos dientes debido a la repetida provocación del vómito e inflamación de las glándulas salivares.

 

Si tenemos sospecha de que nuestro hijo/a padece esta enfermedad debemos llevarlo/a a una consulta donde haya un  equipo multidisciplinar de profesionales especializados que atiendan todos los aspectos de la enfermedad.

 

En un inicio serán necesarios cuidados médicos dirigidos a eliminar las consecuencias físicas producidas y reestablecer unos hábitos alimenticios saludables.

Una vez se haya reestablecido el equilibrio físico necesario,  se puede empezar a tratar los problemas psicológicos que van ligados a la enfermedad, y son profesionales de la psicología o la psiquiatría quienes se ocupan de ellos. 

Es fundamental también  recibir asesoramiento nutricional desde las primeras etapas del tratamiento para prevenir las recaídas.