martes, 19 de febrero de 2019

Mucho más que “Importantes”, Enero+11meses



Desde APSA no podemos más que sentir una inmensa alegría por el  premio “IMPORTANTES” mes de enero del Diario Información otorgado este año a la Sección de Neonatología del Hospital General Universitario de Alicante, premio más que merecido tanto por la labor profesional como humana que realizan día a día, mes a mes y año a año con cada neonato y su familia durante su ingreso en la unidad, e incluso, nos consta, cuando ya han sido dados de alta como consecuencia del fuerte vínculo que se crea entre el equipo de neonatología y la familia durante el ingreso de su bebé, dada la calidez con la que trabaja cada miembro del mismo.




Para APSA, concretamente para el CDIAT del Área Educativa, es un orgullo tener la posibilidad de colaborar en dicha unidad desde el año 2003 con la presencia semanal de una psicóloga con el objetivo de realizar una intervención con aquellas familias  cuyos hijos e hijas se encuentran en la UCIN (Unidad de Cuidados Intensivos  Neonatal), siendo en su mayoría, aunque no únicamente,  recién nacidos o nacidas de manera prematura, es decir, antes de tiempo.

Nuestra intervención con las familias consiste en guiarles a través de cada una de las etapas por las que atraviesan a lo largo de su estancia en la unidad, con el objetivo de alcanzar finalmente, la aceptación de cómo han ocurrido las cosas, ajustando expectativas, ya que nada de lo sucedido se corresponde con lo que ellos pensaban que supondría el nacimiento de su bebé.

La intervención  no se realiza exclusivamente de forma individual, ya que también llevamos a cabo reuniones de forma grupal, cuando las familias están próximas al alta, con la finalidad de acercarles al mundo que viene tras ella, informándoles  sobre qué seguimientos, intervenciones, profesionales, pautas de calidad estimular son las más recomendables, reduciendo con ello el nivel de ansiedad a través del conocimiento de las etapas posteriores, y creando un espacio en el que pueden compartir sus dudas, temores, preocupaciones,…, con las otras familias, recibiendo el asesoramiento pertinente por parte de los profesionales que en ella participan (neonatólogo o neonatóloga responsable de la consulta de seguimiento de neonatología, personal de enfermería y psicóloga).


No podemos dejar de destacar que este trabajo, que se desarrolla gracias a un  proyecto sociosanitario avalado por la Consellería de Sanidad, no hubiera sido posible sin la sensibilidad de todas las personas que creyeron en él desde el principio, y que a lo largo de estos más de 15 años, y a pesar de que no hay camino recto y sin baches, han seguido confiando en nuestra labor y  apoyando nuestra presencia en la unidad.

Por todo ello…

¡¡¡ GRACIAS Y…



ENHORABUENA A TODO EL EQUIPO DE NEONATOLOGÍA POR TAN MERECIDO PREMIO !!!


Fdo. Marisa Guillén Díaz, Psicóloga/Directora CDIAT 1 APSA
        Carmen Martínez Martínez, Psicóloga CDIAT 1 APSA

miércoles, 6 de febrero de 2019

UNAS GAFAS PARA VER TODO LO MEJOR



             Mi hija Ángela tenía dos años recién cumplidos cuando le diagnosticaron hipermetropía y le prescribieron unas gafas. En ese momento, Fernando, mi pareja, me propuso escribirle un cuento en el que hubiera una superheroína que llevara gafas, pues habitualmente las gafas son más bien signo de debilidad y suelen ir asociadas a los personajes más débiles o menos afortunados de los relatos. Pero a pesar de que la idea me pareció magnífica, a mí me salió otra cosa bien distinta: una historia en la que Ángela, gracias a sus gafas mágicas, puede ver lo mejor de todos los que le rodean. La noche que se me ocurrió casi no dormí de la emoción (soy de emocionarme fácilmente eso también os lo digo).



Tardaron como una semana en tener las gafas en la óptica y cuando fuimos a recogerlas, un viernes, Ángela no quiso ni probárselas. El óptico me decía: “Tranquila, en cuanto se las ponga y note que ve mejor, no se las querrá quitar”. ¡Pero es que no se daba ni la oportunidad de ponérselas! Pasé el fin de semana haciendo todo lo posible para convencerla: les puse gafas a sus muñecos, pinté un retrato suyo con gafas, incluso me compré unas gafas para mí del mismo color sin cristales. No hubo manera.

        En la historia real lo mágico no fueron las gafas, sino Lourdes, su profe en la escuela infantil Elisa Tomás Yusti, que consiguió en una mañana lo que yo no había conseguido en tres días. Cuando el lunes fui a recoger a Ángela a la escuela, salió tan feliz con sus gafas puestas. Se me saltaron las lágrimas al verla. Puede parecer una tontería, al fin y al cabo sólo había sido un fin de semana, era muy pequeña y como todos los cambios siempre requieren un tiempo. Pero en aquel momento yo no era capaz de imaginar una solución posible y me pareció increíble que se hubiese resuelto tan fácilmente en una sola mañana. Ahora, un año después, Ángela lleva las gafas con absoluta normalidad y no se las quita nunca.


Para poder escribir el cuento le pedí a Lourdes que me hiciera una lista con lo mejor de cada niño de la clase de Ángela, la clase de “los pollitos”, pues la idea inicial era hacer el cuento solo para ellos e ir a contárselo una mañana a la escuela. Recuerdo que me dio las gracias por “obligarla” a hacer ese ejercicio, pues había estado comentando con una compañera que habitualmente al hablar de su alumnado tendían más a destacar lo trastos que eran que las cosas buenas que hacían. Y así es. Yo también soy profesora y es cierto que, con demasiada frecuencia, se tiende a poner el punto de vista en lo negativo, más que a valorar lo positivo. Y desgraciadamente el profesorado no es el único con este vicio. En general, siempre hay excepciones, pasamos los días riñendo a nuestros retoños por todo lo que hacen mal o por todo lo que dejan de hacer. Criticamos a los abuelos y las abuelas por consentir a los nietos. Nos molestamos con nuestras parejas o nuestras amistades porque no hacen las cosas como esperamos que las hagan. Y así… continuamente.

           Pero como adultos aún estamos a tiempo de mostrarles a esos pequeños a los que va dirigido este cuento que nosotros también nos podemos poner unas gafas como las de Ángela y aprender con ellas a fijarnos más en las virtudes y menos en los defectos. Más en las buenas acciones y menos en los errores. A ser más compasivos con los demás. Más empáticos. Incluso con nosotros mismos, que también nos equivocamos y no somos perfectos ni como padres, ni como hijos, ni como parejas, ni como amigos, pero no por ello debemos flagelarnos y sentirnos culpables, si no tratar de aprender y hacerlo cada vez un poco mejor.

          Y no solo se trata de prestar atención a lo mejor de cada persona, si no también a verbalizarlo, a decirles a nuestros hijos con frecuencia todas aquellas cualidades maravillosas que tienen, todas las veces que se portan bien y lo orgullosos que nos sentimos. A ser agradecidos con los abuelos por toda la ayuda que nos prestan. A decirles a nuestras parejas y a nuestras amistades lo bien que hacen las muchísimas cosas que hacen bien.  A ser afables con los colegas de trabajo, con los vecinos y con los extraños con los que nos encontramos en el autobús. En definitiva, a dar ejemplo a nuestros hijos y nuestras hijas, puesto que como  sabemos aprenden por imitación. De tal manera que si queremos que nuestras pequeñas y nuestros pequeños se quejen menos y sean más felices, y lo que es más importante aún: que en el futuro sean personas más amables y conviertan el mundo en un lugar mejor, debemos comenzar a ser nosotros los que nos comportemos así, los que desde ya construyamos un presente más agradable.

            Por eso cuando alguien me dice: “qué buena idea este librito para los niños y las niñas a los que les ponen gafas”, yo siempre digo, aunque pueda sonar pretencioso, que no es sólo un cuento para favorecer su adaptación a llevar gafas por primera vez, si no que el cuento va dirigido a todos las niñas y los niños, pero especialmente a las personas adultas que se lo leen, porque somos los primeros que tenemos que aprender a ver todo lo mejor.

                Si queréis ver y escuchar el cuento podéis hacerlo en este enlace, donde la maravillosa Amaia DC le ha puesto voz en su canal Cuentos en la Nube:

¡Espero que os guste!


Autora:
Beatriz Vicente Hernández, nació en Zamora en 1975, allí vivió y cursó sus estudios hasta los 18 años, cuando se trasladó a Vigo (Pontevedra) para estudiar la licenciatura en Ciencias del Mar. Al acabar la carrera, vivió un año en Valladolid donde realizó el C.A.P. Preparó oposiciones a Educación Secundaria y desde el 2001 es profesora en Alicante de Asesoría y Procesos de Imagen Personal en el I.E.S. El Pla, donde imparte los módulos de Diseño Gráfico Aplicado para Caracterización y Maquillaje profesional, Estilismo en Vestuario y Complementos, Usos Sociales y Habilidades en Comunicación para Asesoría de Imagen Personal y Corporativa.





miércoles, 23 de enero de 2019

CONSTRUCCIÓN DE LOS ROLES DE GÉNERO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA



El ser humano, como ser social, llega a ser quien es gracias a la interacción con los demás. Las personas comienzan a desarrollar su personalidad en la infancia, gracias a las enseñanzas que reciben de la familia, la escuela y el entorno que les rodea. En sociología, este proceso se denomina socialización. Uno de los aprendizajes fundamentales en el proceso de socialización es el aprender a comportarse bien como un niño, bien como una niña.

Antes de analizar cómo se realiza este aprendizaje, es necesario distinguir dos términos que a menudo se utilizan de manera intercambiable: sexo y género. La OMS define «sexo» como las características determinadas biológicamente; mientras que el concepto «género» describe las características sociales y culturales asociadas de manera diferenciada a hombres y mujeres (OMS, 2002). El género depende de la sociedad en la que se desarrolla: lo que se considera femenino o masculino varía de un país a otro y de una época histórica a otra. Por ejemplo, hasta el siglo XVIII en Europa, los hombres de alto estatus utilizaban maquillaje y tacones, elementos que hoy están asociados a lo femenino.

El género se aprende a través de la socialización diferenciada, interiorizando aquellas normas, comportamientos y cualidades que corresponden a lo que en el momento histórico y social se considera adecuado para el género masculino o para el género femenino.


Esta diferenciación entre los dos géneros tiene importantes consecuencias sociales:


  • ¿Qué pasa cuando los comportamientos se alejan de lo convencional? Aquellas personas que no encajan en los roles habituales son reprendidas por su comportamiento fuera de la norma social. En ocasiones, se intenta reconducir su comportamiento para que se ajuste al rol tradicional, como sucede con los niños que son reprendidos por jugar con muñecas, y las niñas al querer jugar al futbol. En casos extremos, pueden llegar a recibir insultos o sufrir agresiones.


  • ¿Qué sucede cuando se perpetúan los roles tradicionales de género? Dice Marina Subirats (1999) «A los niños aún se los educa para poder ejercer la violencia, como si tuvieran que enfrentarse diariamente a terribles peligros físicos. Y a las niñas aún se las educa en la atención a su belleza, como si su futuro siguiera dependiendo de sus posibilidades en el mercado matrimonial». Encontramos un ejemplo de reproducción de estereotipos en la elección de disfraces por parte de niñas y niños: princesas para ellas, superhéroes para ellos. Mientras lo femenino se asocia con la delicadeza o la belleza; lo masculino se identifica con la fuerza, la valentía o la aventura. Estas cualidades favorecerán en los niños varones actitudes de liderazgo, mientras las niñas tenderán a reproducir roles subalternos.


  • ¿Cómo se reproducen estas diferencias? A menudo, nos preocupamos más por señalar y agrandar diferencias que por identificar similitudes. Constantemente catalogamos juguetes como «de niño» o «de niña», tendemos a hacer equipos de niños contras niñas, o en los deportes se crean dos ligas, femenina y masculina. Un espacio característico por la segregación espacial del juego es el patio del colegio. Allí los niños juegan al fútbol en una cancha ocupando la centralidad y la mayor parte del espacio, normalmente con escasa participación de niñas. Éstas suelen utilizar el recreo para relacionarse en rincones o en bancos del patio. Esto predispone a los niños varones a asumir la centralidad del espacio y a reconocerse como protagonistas, mientras las niñas normalizan el verse relegadas. No obstante, estas diferencias se encuentran en un proceso activo de cambio.


  • ¿Cómo nos perjudica esta diferencia de género? La distinción de género no sólo implica diferencia, sino que ésta se traduce en desigualdad. El problema no es sólo que se otorguen papeles diferentes a niños y niñas, sino que, en este desigual reparto, las niñas salen peor paradas.


    • Durante la infancia, las niñas comienzan a infravalorar sus capacidades. Según un estudio publicado en Science en 2017 (http://science.sciencemag.org/content/355/6323/389/tab-pdf), a los 6 años las niñas muestran menos tendencia a considerar a las chicas como «muy inteligentes»; y están menos dispuestas a participar en actividades para «personas muy listas». Sin embargo, las niñas se estiman capaces de obtener notas altas, pero considerándose más trabajadoras que inteligentes por ello. Esto refleja, como señala Christia Brown (2014), la tendencia del profesorado y progenitores a atribuir las buenas notas al esfuerzo de las niñas, pero a una habilidad natural en los niños.


    • Durante la adolescencia, se incrementan los problemas relacionados con la desigualdad de género, como la dureza de los cánones de belleza para las jóvenes, o la desigualdad en relaciones afectivas. Esta última puede derivar en formas de violencia de género, cobrando protagonismo conductas de control a través de las tecnologías.





La transmisión de una cultura y valores igualitarios es una herramienta fundamental para erradicar el sexismo, que se puede conseguir a través de:


  • Corresponsabilidad. En el hogar, es necesario integrar tanto a niñas y como a niños en el cuidado y la corresponsabilidad de las tareas. Dependiendo de la edad y circunstancias, podrán asumir pequeñas tareas o acompañar a las personas que las realicen. Así, comprenderán la importancia de estas actividades y asumirán que son responsabilidad de toda la familia.


  • El papel de la escuela. Muchos centros incluyen en sus agendas formaciones en igualdad, pero se traducen en dos sesiones anuales que no resultan suficientes para transformar la realidad del alumnado. Es necesario diseñar un Plan Integral de Igualdad en los centros educativos, en el que participe toda la comunidad educativa, empleando la perspectiva de género para estudiar en profundidad cómo se reproducen las desigualdades y poder desarticular esas raíces para establecer relaciones justas e igualitarias. También resultaría conveniente introducir la figura de agente de igualdad en los centros educativos como miembro de los equipos de orientación o de educación no formal.


  • Apoyar a las personas en edad escolar. Es importante valorar las actividades que realizan y rescatar referentes en los que puedan identificarse, pero también alentar los lazos de amistad entre ambos. Estas amistades a veces se ven perjudicadas en el caso concreto del sexo femenino, por el ideario común que reproduce estereotipos como el de “la arpía”, “la manipuladora” o “la envidiosa”, que transmiten misoginia y minan el apoyo entre amigas.

En definitiva, educar en libertad, reforzar la autoestima y la confianza, transmitir el respeto y el trato igualitario hacia los demás, es la mejor forma de construir la convivencia.

Autoras:

Irene Crespo (Socióloga) y Laura Romero (Politóloga, Máster en estudios de género. Agente de igualdad en IES Rafael Alberti en Madrid)


AUDIOVISUALES


BIBLIOGRAFÍA

- BROWN, C. S. (2014). Parenting Beyond Pink and Blue

- ESPINOSA BAYAL, Mª A. (2007). «La construcción del género desde el ámbito educativo: una estrategia preventiva». Madrid: Universidad Autónoma de Madrid.

- GIDDENS, A. (2014). Conceptos esenciales de Sociología. Madrid: Alianza Editorial.

- OMS (2002). Política de la OMS en materia de género. Ginebra: OMS

- SHAFFER, D. R. (2002) Desarrollo social y de la personalidad. Madrid: Thomson

martes, 8 de enero de 2019

LA IMPORTANCIA DE LA ROBÓTICA


Cuando intentamos hablar de robótica, lo primero que sugiere a los más mayores y que no están tan familiarizados con la tecnología son esas películas de ciencia ficción de la década de los 80 y 90 con todo ese amasijo de cables. Nos viene muchas veces a la cabeza el concepto de humanoide para representar a un robot pero estamos lejos de la verdadera definición.  Sin ir más lejos,  utilizamos robots a diario que nos facilitan la vida cotidiana y no somos conscientes de que realmente tenemos ante nosotros a un robot.

Por tanto, ¿qué es un robot? La definición que viene en los diccionarios describe en la práctica a un sistema electromecánico que es conducido por un programa o por un circuito eléctrico. Sin entrar en más detalle, con una definición tan simple como esta ya podemos directamente pensar que nuestro aparato ese que se mueve solo por casa y nos “limpia” en cierta medida, encaja perfectamente con la descripción de: robot. Más allá de este simple ejemplo, podemos pensar en muchos otros tipos dentro del propio hogar, en la industria textil, en el ámbito militar, en la creación y producción de materiales de cualquier fábrica y un sinfín de lugares y tareas en las que ya están automatizadas por robots.

Una vez despejada la duda de que es un robot, debemos centrarnos en otra gran parte que queda ahí un poco abstracta para muchas personas. ¿Qué es un programa? ¿Qué es programar? Llevándolo a un terreno simple, programar es dar una solución a un problema resoluble. Luego el nivel de complejidad del mismo puede variar en función de muchos aspectos o del mismo problema que queramos resolver.

Entonces si juntamos que un robot es un conjunto de piezas conducidas por un programa y un programa es una solución para un problema, tenemos a nuestro alcance un arma potentísima para la educación. Lo que hace la robótica educativa es la presentación de problemas reales para que los niños y niñas busquen soluciones en todos los niveles. Se trabaja tanto la parte mecánica como la parte de software y es por esto que pueden manipular todo y comprobar por sí mismos como de la nada consiguen la resolución del problema. 

El aprendizaje ocurre especialmente cuando las niñas y los niños están presentes en todo el proyecto. Cuando se les permite hacer y construir a partir de las ideas que tienen abstractas en su cabeza. Hacer conjeturas, probarlas y desechar las que no son útiles en este momento pero que tal vez en otro futuro proyecto sí que sirvan. Están creando, anexionando sus ideas y reorganizándolas en su propia mente. Resuelven un problema en la clase pero realmente están poniendo una sólida base de conocimientos que luego la podrán extrapolar en el resto de ámbitos de la vida. ¡Y todo esto mientras se divierten! ¿No es increíble el poder de la robótica educativa?


Además de esto, cuenta con muchísimos factores positivos que se van desarrollando a lo largo de las clases.

   Se fomenta la creatividad.
• Se promueve experimentar, donde equivocarse es parte del aprendizaje e incluso necesario para autodescubrir otras utilidades.
  Desarrollar habilidades mecánicas.
  Capacidad de observación y análisis.
  Desarrollo de habilidades sociales al trabajar en grupo.

Y es que la cantidad de conocimientos que están desarrollando sería abrumadora si no fuese porque lo están aprendiendo sin ni siquiera darse cuenta. Mientras están en un ambiente relajado y divertido están absorbiendo capacidades de;

  Física
  Lógica
  Matemáticas
  Programación
  Diseño
  Resolución de problemas
  Razonamiento estratégico

En definitiva, la robótica educativa les abre un mundo mucho más amplio que el mero hecho de ser usuarios y usuarias pasivos de la tecnología. Porque digámoslo claro, no podemos considerar a los y las menores de la casa como grandes conocedores de la tecnología solamente porque le demos una tablet o un smartphone y sepa como desbloquearlo y acceder a la fuente de diversión que ellos consideren, ya sea videos de YouTube o sus juegos favoritos. Prácticamente están chapoteando encima de un océano inmenso de conocimiento.

Y por supuesto, que desde aquí no queremos decir que la culpa sea del propio niño o niña por no saber bucear en ese océano a su suerte. Muchas veces se debe a que los propios adultos, adultas y los centros educativos no estamos preparados en el tema y que el mundo tecnológico avanza a una velocidad tal, que parece que es imposible adaptarse y llegar a entenderlo.  Por suerte y aunque todavía estamos empezando, la tecnología empieza ya a asomar como un pilar fundamental en los contenidos educativos.

En esta sociedad que ya considera a los niños y las niñas como nativos digitales por haber nacido rodeados de dispositivos, es importante que les enseñemos desde temprana edad la importancia del análisis y el razonamiento. Hacerles disfrutar de toda la tecnología que existe pero desde un punto analítico y constructivo. Que la robótica sea un punto de partida a desarrollarse mientras se divierten. Desmitificar a la programación y considerarla como una gran herramienta para el futuro.

Una cosa esta clara, la tecnología ha venido para quedarse y todos los informes aseguran que de manera definitiva. Se espera que las empresas tecnológicas generen millones de puestos de trabajo en un futuro no muy lejano y cuanto antes seamos capaces de acostumbrar desde la infancia a trabajar con tecnología y saber cómo utilizarla, mejor será para su futuro laboral. Independientemente de si luego guían su carrera profesional por una rama de la ingeniería o no, saber desarrollarse de forma efectiva con todo lo electrónico les podrá servir para poder seguir entendiendo las futuras generaciones tecnológicas.


Autor: Javier Marco
Profesor de robótica


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