miércoles, 5 de septiembre de 2012

Primeras impresiones como trabajadora de APSA

No hace demasiado tiempo que APSA era una organización desconocida para mí. Y no sólo lo era APSA sino también la provincia y la ciudad que acogen su labor. Descubrir poco a poco Alicante, con sus contrastes, sus rincones con encanto y, sobre todo su gente abierta y hospitalaria, ha sido el marco de referencia ideal para encuadrar la labor de la asociación.


Tuve mis primeras referencias de APSA a través de buenos amigos y los primeros datos que conocí resultaban impresionantes:

- Casi 50 años de historia (este año celebra sus bodas de oro),
- 1.300 personas a las que presta servicio,
- Más de 1.400 socios,
- 14 centros y servicios,
- Más de 200 personas con discapacidad insertadas profesionalmente,
- Más de 300 profesionales implicados…


Por mi formación conozco otras asociaciones que, en otros lugares de España, trabajan para hacer (y lo hacen muy bien) lo más funcional posible la vida de personas con necesidades educativas especiales. Sin embargo, los números de APSA abruman. No en vano es la asociación de su tipo más grande de la Comunidad Valenciana y una de las primeras a nivel nacional.
Dar cobertura a la práctica totalidad de necesidades que surgen a lo largo del ciclo vital de una persona con discapacidad es una labor que requiere de la implicación de un gran número de profesionales a todos los niveles: desde una presidencia, gerencia y equipo directivo que trabaja sin descanso para dar a conocer la asociación y conseguir el mayor número de recursos posibles que ofrecer a los usuarios; pasando por los responsables de áreas y centros, que gestionan dichos recursos optimizándolos y haciéndolos llegar al máximo número de personas posible; hasta llegar a los profesionales que trabajan a diario en contacto directo con los usuarios y sus familias junto a la labor indispensable del personal de administración y servicios, hacen de APSA un equipo de personas perfectamente ensambladas al servicio del discapacitado. Todos ellos suponen el andamiaje profesional de una organización que, por vocación y principio, está dedicada a lo humano.
Desde hace pocos meses estoy conociendo APSA desde dentro, trabajando como terapeuta en el Centro de Recursos y Apoyo Escolar (CRAE). El centro se dedica, entre otras cosas, a la intervención psicopedagógica en niños y niñas de 6 a 16 años y estoy teniendo la oportunidad de llenar con experiencias propias toda la información que tenía en el plano teórico.

He conocido un equipo profesional de mujeres que buscan día a día el modo de hacer realidad todas las potencialidades de los niños/as. Formándose, buscando materiales, inventándolos incluso cuando no existen, con el único objetivo de que cada uno de nuestros niños consiga ser lo máximo que pueda llegar a ser.

Con lo que no contaba, era con que este trabajo consiguiera, también, hacerme mejor a mí. Cuando lo que tienes en frente no son papeles, ni pantallas, ni números sino chicos y chicas que te miran expectantes con la inocencia de quien lo espera todo limpiamente, algún resorte se mueve dentro de ti que hace que te impliques, te emociones, disfrutes, sufras y olvides todo lo que no tenga que ver con el avance de quien tienes delante.

A veces es duro, no siempre se pueden alcanzar los objetivos propuestos. Toca entonces recogerse, reflexionar y tomar fuerzas para afrontar el siguiente paso. Sin embargo, ver la sonrisa y el gesto afectuoso de los chicos/as suple cualquier bache.

En APSA se trabaja con lo humano y por tanto, inevitable y afortunadamente, con lo emocional. Es un privilegio para mí poder aprender y trabajar en APSA. Espero estar a la altura de gente que no se detiene ante los problemas sino que busca el modo de rodearlos y aprovecharlos para avanzar.

En un momento en que las dificultades que asolan el entorno socio-económico, afectan también a APSA, la medida de resistir, de armarse de ganas, esfuerzo y voluntad, es algo sólo al alcance de unos pocos y, entre esos pocos, está la gente de APSA.

Ahora puedo entender la expresión que he oído varias veces en este tiempo y que refleja un estilo de trabajo, una personalidad y un modo de afrontar la vida: “Yo no trabajo en APSA sino que SOY de APSA”. Yo, también me siento de APSA.

Autora: Elena Alcalá Guerrero, trabajadora de APSA

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