martes, 8 de mayo de 2012

A dormir bien, se puede aprender




El hábito de sueño en los niños es uno de los primeros  aprendizajes y  más importantes que el niño debe interiorizar correctamente para un buen desarrollo. Muchos niños aprenden  a dormir bien de forma espontánea  pero en otros casos esto no es así.  Por ello, y dada la gran interferencia que tienen los problemas de sueño  en la vida familiar, el pasado mes de marzo, desde el área educativa del  CDIAT de APSA,  se organizó un taller para padres donde analizamos las características del sueño infantil y  establecimos unas pautas de intervención para reeducar  hábitos incorrectos.





Lo esperable es que alrededor de los 6-7 meses duerma unas 10 horas seguidas, concilie el sueño solo y lo haga en su camita y sin luz. Pero ¿qué sucede si un niño de esta edad no duerme de la forma deseada? Esta situación, repercute muy negativamente tanto en los padres, que necesitan su tiempo de descanso para poder llevar a cabo las exigencias de su vida cotidiana, como el los niños ya que la falta de sueño hace que el niño esté más irritable, llore más fácilmente y en algunos  casos pueda provocar dificultades de crecimiento puesto que se ven alteradas  algunas de  las funciones cerebrales que se realizan durante el sueño.
La causa del insomnio infantil en un 98% se debe  a hábitos incorrectos. Por tanto, si queremos que nuestro niño duerma bien, le enseñaremos. El  2% restante  se debe a algún problema físico: problemas respiratorios, alto tono muscular del bebé, …




La causa del insomnio infantil en un 98% se debe  a hábitos incorrectos. Por tanto, si queremos que nuestro niño duerma bien, le enseñaremos. El  2% restante  se debe a algún problema físico: problemas respiratorios, alto tono muscular del bebé, …
Para ello es necesario tener en cuenta 3 aspectos:
  • Condiciones ambientales que acompañan al momento de dormir: situación de oscuridad, silenciosa y aproximadamente a la misma hora.
  • Actitud de los padres: de seguridad, tranquilidad, actitud de enseñar y tener claro que han de hacerlo siempre igual.
  • Siempre con los mismos elementos: podemos elegir un cuento (el cuento de dormir), un peluche u objetos que pueda  estar con el niño sin nuestra presencia (de ahí el inconveniente de dormirse cogidos de nuestra manita) un chupete (si la edad lo requiere) y en su  cuna o cama.

La clave está en establecer una rutina, que el ambiente sea predecible y el niño sepa qué ha de hacer y qué se espera de él  en ese momento.
Si mantenemos estas 3 condiciones, especialmente la actitud de seguridad (el niño percibe que sus padres tienen claro lo que hay que hacer) y de enseñar (el niño no se duerme solito porque no le hemos enseñado), en un periodo relativamente corto, el niño aprenderá a dormir bien.

Además, podemos encontrarnos otro tipo de dificultades, como es que el niño se levante y vaya a la cama de los padres o presente pesadillas o terrores nocturnos. En estas situaciones, mostraremos una actitud comprensiva para intentar descubrir si hay algún problema  emocional (miedo a la oscuridad, a estar solo o a algún ser imaginario)  detrás de esos despertares , le calmaremos y le animaremos a que se quede en su cama y vuelva a conciliar el sueño.




Autora: Cristina Villar Pérez, Técnico en Atención Temprana de APSA

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