miércoles, 6 de junio de 2018

SOCORRO! MI HIJO Y MI HIJA SE ABURREN



¿Por qué como madres y padres nos da tanto miedo esta frase?

Parece que cuando nuestro niño o nuestra niña se aburre tenemos la necesidad imperiosa de conseguir todo lo contrario, y con ganas o no, con energía o sin ella, nos levantamos, dejamos lo que estamos haciendo y le proponemos mil y una cosa para  que se entretengan / diviertan.

Cuando en realidad, lo que nos molesta por un lado, es que pudiendo disponer de tantas, tantísimas cosas no sean capaces de elegir una sola, y ponerse a jugar un buen rato. Y por otro, que no sean capaces de seguir aprendiendo, seguir formándose, seguir “sabiendo más”.

Es un error pensar que la infancia es una carrera enloquecida, a la vez que frenética para poder entrar en una universidad de primera. Nos debemos preguntar si lo que estamos escondiendo con esta visión, tan actual, son nuestros propios anhelos no cumplidos.

Sin duda, en los colegios, en la enseñanza en general, deberíamos promover el dejar más margen a la creatividad, al juego y al descanso, ya que son necesidades básicas en el desarrollo personal. Es una época donde es necesario incorporar tiempos  no dirigidos Si no, ¿en qué se convierte el objetivo de la educación? Nosotros debemos convertirlo en animar a las niñas y los niños a que tengan iniciativa, que experimenten vidas variadas y distintas, que anhelen pasión y alegría por aprender, debemos ayudarles a encender su propio fuego en los estudios.

Por otro lado, es importante diferenciar los momentos del aburrimiento. Si nos encontramos con nuestro hijo o nuestra hija como única persona pequeña en un entorno de adultos, con conversaciones de adultos y sobremesa larga, donde los diálogos desembocan en temas alejados para ellos, podemos ver aquí como el aburrimiento es una imposición, puede ser la única opción donde debemos acompañar a nuestra hija o nuestro hijo, ofrecerle conversaciones a su alcance, distanciarnos del grupo o bien introducirlo a él o a ella con conversaciones a su nivel.

Si cambiamos de situación, y nos encontramos en la playa, monte o en el parque podemos invitarle a sentarse, tumbarse, observar donde se encuentra, hacerle consciente de ese momento. Observar qué tenemos cerca, lejos, qué siente, qué huele, en definitiva, que tenga conciencia plena.

 



En cambio si nos encontramos en casa, es importante que no rellenemos sus tiempos. Podemos explicarle que el cerebro necesita un descanso, un tiempo para liberar la tensión del día de hoy y de los días atrás donde no hemos parado. Es importante buscar la tranquilidad del momento y no activarlo ofreciéndole “cosas para hacer”.


Una visión errónea sobre el aburrimiento, que tenemos todas las personas y que quizá es la sociedad actual la que nos lo transmite de forma indirecta, es el pensar que cuando no hacemos nada nos sentimos mal, porque interpretamos que estamos perdiendo el tiempo. Cuando en realidad el no hacer nada, el aburrirnos puede tener sus beneficios, como:

- Estimula la creatividad, la creatividad es una capacidad innata, somos creativos desde el nacimiento, pero con los años si no lo ejercitamos la vamos perdiendo.

- Genera curiosidad, podemos aprender a divertirnos con nuestros propios medios, o generando otras alternativas de acción/juego.









- Oxigenas el cerebro, el tiempo de no hacer nada libera al cerebro de acción.

- Combates la adicción a estar conectado “a estar haciendo algo todo el tiempo”, no necesariamente tecnológicamente.

- Puedes adquirir “atención plena”, si consigues enfocar la atención en el presente y conectar con tu interior.

- Descansas y recuperas energía.

- Puedes disminuir tu estrés, si te encuentras en un momento de hacer frente a mil y una tareas.

Por eso es necesario explicar para qué sirve el aburrimiento y qué podemos hacer con él. Si somos capaces de enseñar a verlo como algo positivo, veremos que sirve para crear, para construir mejor y para “parar” cuando lo necesitemos, sin llegar a sentirnos mal, ni culpables por ello, al ver y reconocer las posibilidades que nos ofrece.

Recuerda… no hay nada más aburrido que tener las necesidades cubiertas.

William Blake, sintetizó la infancia en unos versos célebres:

                “Ver un mundo en un grano de arena,
                Y un cielo en una flor silvestre,
                Sostener el infinito en la palma de la mano
                Y la eternidad en un ahora.”














Bibliografia:
Cuenta Contigo. Patricia Ramírez.
Bajo presión. Como educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.
Carl Honoré
Educar al niño en edad escolar. Chistopher Green
Todos los niños pueden ser Einstein. Fernando Alberga
Autora: Ainhoa Aguado García Tec. Estimulación Temprana CDIAT Alicante

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