lunes, 11 de julio de 2016

EL EJERCICIO FÍSICO EN DIFERENTES EDADES


Por regla general, hasta los 6 años de edad, el ejercicio físico debe presentársele, al niño, como una actividad estrictamente lúdica en la que, además de divertirse, pueda desarrollar sus cualidades, tanto físicas, como motoras (mejora de la psicomotricidad).

Para ello, muchas escuelas deportivas, tanto municipales como privadas, ofertan actividades “multi-deporte”, donde todos los niños juegan a todo y en las que aprenden aquellos aspectos más elementales de la práctica de multitud de disciplinas deportivas. Estas actividades se combinan con otros ejercicios físicos y con juegos populares, con el principal fin de que desarrollen y mejoren su psicomotricidad y de que se eduquen en los valores sociales. 

Entre los 6 y los 8 años, el niño ya muestra una clara inclinación hacia un deporte u otro, normalmente en el que más destaca. Empieza a tener sus ídolos deportivos. Suele ser en esta etapa de sus vidas cuando empieza a verse a las niñas decidirse por disciplinas como el patinaje, la gimnasia, el ballet… y a los niños por el fútbol, el baloncesto, las artes marciales… Es cierto que hay deportes, como el tenis o el pádel, en los que el interés por practicarlo es común en ambos sexos.

Entre los 8 y los 10 años de edad, el niño suele alcanzar un mayor rendimiento físico acorde a sus esfuerzos, ya que es capaz de asimilar las reglas del deporte y de mantener una tensión y una atención adecuadas al nivel de exigencia de la competición. Por lo tanto, es una buena edad para facilitarle la práctica de su deporte favorito a nivel más serio y competitivo, pues es donde aprenderá nuevos valores derivados de los imperativos de la propia competición (respeto, sacrificio, tesón…). Es, a estas edades, donde el niño se fija, mucho más, en sus ídolos deportivos y los exalta como un objetivo a alcanzar.

A partir de los 10-12 años de edad, el niño se enfrenta a retos más difíciles y la competición deportiva empieza a ser más exigente, pues el nivel aumenta y la competitividad, dentro de un mismo colectivo, también se incrementa. Es una edad muy complicada, pues además de los cambios físicos, fisiológicos, psicológicos, etc. que sufren, los ídolos deportivos son el centro de su atención y tienden a imitar todos sus gestos, palabras, y maneras, tanto los buenos como, desgraciadamente, los malos.


A partir de los 12 años, el niño ya es capaz de distinguir, claramente, entre los conceptos de habilidad, esfuerzo, resultado y suerte. Sabe, perfectamente, que aquellas acciones que requieren de mucha habilidad, se consiguen dominar con mucho esfuerzo y que la suerte es un factor que, pese a no ser entrenable, puede influir, en gran medida, sobre el resultado final. También es consciente de que un buen resultado, conseguido con un menor esfuerzo, es indicativo de una gran habilidad. Este juego de palabras, inteligentemente descrito por Nicholls et al. (1989) y quizá, un poco confuso para nosotros, es claro para el niño de esta edad en adelante. Ha madurado como deportista y, además, ha evolucionado mucho como persona.

Lo que debemos tener muy en cuenta es que no podemos obligar a un niño a practicar un deporte en concreto, pues esto puede tener un efecto contraproducente, provocando que éste lo deteste y que acabe cayendo en una dinámica sedentaria y poco saludable.



El deporte de competición en edades escolares

Como bien afirma mi gran amigo, el profesor Gabriel García, en una sociedad en la que se sobreprotege tanto a los niños, el deporte puede ser la primera escuela real de la vida; un sitio donde hay que trabajar para conseguir resultados, donde nadie te regala nada y en el que cada punto o victoria nos cuesta mucho esfuerzo, sudor y, por qué no, a veces hasta sangre y dolor.

La disciplina que adquieren los niños que compiten en diferentes modalidades deportivas, puede marcar su trayectoria futura de cara a los estudios, el éxito laboral y la aceptación social.

Un niño comprometido con el ejercicio físico y el deporte, es un niño comprometido con su salud (y, bien directa o indirectamente, con la de quienes le rodean). Por regla general, en su día a día también es disciplinado y afronta los retos que le depara la vida en cada etapa de su desarrollo, de forma más íntegra y madura. Suele ser un buen estudiante (y aquí debemos rebatir a quienes afirman cosas así como “si este chico no supiera pegarle patadas a un balón…”), se alimenta bien, se relaciona, perfectamente, con los demás, etc. Lógicamente, esa actitud es más positiva cuando va acompañada de unas mejores aptitudes para la práctica deportiva.

El deporte colectivo potencia las relaciones sociales y une culturas, razas, sexos… Se crea la necesidad de trabajo en equipo y se fomenta la igualdad y la pasión por ayudar y por ser ayudados. Es un feedback que los profesionales que nos dedicamos a la Educación y al Deporte (y por supuesto, los familiares de los niños), debemos mantener en constante funcionamiento.

Es cierto que el deportista individual es más reacio a este tipo de relaciones sociales; suele ser un niño más independiente. Pero, por el contrario, a éste es a quien más le cuesta luchar por alcanzar sus metas y conseguir éxitos. Eso le ayuda a apreciar, mucho más aún, los esfuerzos de aquellos otros que, debido a una discapacidad o a cualquier otro tipo de problema (socio-económico, por ejemplo), tienen más problemas para lograr sus objetivos. Puede ser, por tanto, más comprensible y empático.

Bibliografía, artículos y webs consultadas.

-   Aznar Laín, S. y Webster, T.: Actividad física y salud en la infancia y la adolescencia. Guía para todas las personas que participan en su educación. Ed. CIDE. Madrid, 2006.

-       I.N.E.: El sobrepeso y obesidad infantil crecen en España.
(http://cardiosalus.com/salud/reportajes/el-sobrepeso-y-obesidad-infantil-crecen-en-espana.html). Informe del Instituto nacional de Estadística publicado por cardiosalus.com, el 06 de marzo de 2015.

-      Cox, R.H.: Psicología del deporte. Conceptos y sus aplicaciones. 6ª edición. Ed. Panamericana. Madrid, 2007.

-       García García, G.: La importancia del deporte base.
(http://academiadeportiva.com/la-importancia-del-deporte-base/). Publicado por academiadeportiva.com, el 06 de noviembre de 2015.

-       González Aramendi, J.M.: Actividad física, deporte y vida. Beneficios, perjuicios y sentido de la actividad física y el deporte. Fundación OREKI. Lasarte (Guipuzcoa), 2003.

-    Marín Fernández, B. et al.: Actividad física y deporte durante el crecimiento. Servicio de publicaciones de la Universidad de Oviedo. Oviedo (Asturias), 1995.

-      O.M.S.: Sobrepeso y obesidad infantiles.
(http://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood/es/).Informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud en 2016.

-     Orts Delgado, F.J.: La gestión municipal del deporte en edad escolar. Ed. INDE. Barcelona, 2005.

-    Redacción ABC.es: 10 razones por las que los niños y adolescentes deben hacer deporte. (http://www.abc.es/20120928/familia-vida-sana/abci-diez-razones-correr-201209271642.html). 13 de febrero de 2013.

            Imágenes.
http://www.arnoldandersonsportfund.com/images/slider/slider1.jpg
https://mundoentrenamiento.com/wp-content/uploads/2014/09/deporte.jpg
http://1.bp.blogspot.com/_vi0X3HAvCP8/TM5Z-mCmHxI/AAAAAAAAAKg/l_kw2OQPtvI/s1600/Sara+cinta+azul.JPG
http://i.huffpost.com/gen/2541164/images/o-CUTE-KIDS-PLAYING-SPORTS-facebook.jpg
http://harbourtennis.com/images/2.jpg
                http://planetainfantil.org/wp-content/uploads/2015/09/obesidad-infantil.jpg

Autor: Juan Fco. Marco Satorre
           Docente del Centro de Formación de 
           Profesorado Deportivo Alto Rendimiento, Alcoy, Alicante

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